jueves, 1 de marzo de 2018

Alquimia trascendental

La sala estaba repleta de botes, jarras y vasijas esmaltadas en colores vivos. En el centro, calentándose, estaba el alambique cobrizo seguido de un entramado de serpentinas y decantadores imposible que había dispuesto con cuidado el viejo Nasser. Los vapores golpearon el rostro de su alumno que sonrió al verlo acomodado sobre una alfombra sepultada por cojines, tirando de su cachimba azul profundo. - ¿Qué hacéis maestro? No recuerdo que hoy tocara fabricación. - le preguntó casi divertido Nadir.
- esta es una investigación personal pequeño, nada producido para complacer a nadie más que a mi curiosidad - respondió el anciano exhalando un vapor rosáceo mientras hablaba. Nadil, azorado, iba a girar sobre sus talones cuando su maestro hizo un gesto para que se acomodara entre los mullidos cojines. Contempló la sala evitando el silencio incómodo mientras reunía el valor para preguntarle qué investigaba. - nada relevante, estoy destilando el sentido de la vida. - el alumno abrió los ojos, perplejo y centró la vista en aquel alambique de cobre descolchado. No era la primera vez que Nasser obraba milagros así que se mantuvo inexistente por miedo a que lo echara de la sala. Una de las válvulas gritó con un chorro de vapor anaranjado y pronto, por las serpentinas de cristal, comenzó a fluir un humo que al condensarse producía un líquido verduzco, luego volvía a evaporarse y en el siguiente recipiente cambiaba de color. El proceso duró lo que para Nadir fue una eternidad y al llegar al final del entramado el maestro giró el grifo para liberar el producto. Tímidamente una sustancia gelatinosa de color púrpura asomó por la boquilla. Desplegó unas alas azul turquesa y mostró un rostro verde esmeralda con unas facciones maravillosas, se liberó del grifo y emprendió el vuelo por la sala dejando una estela de un fino polvo de cristales iridiscentes. Nadir estaba boquiabierto mientras la criatura desarrollaba plumaje, cantaba una delicada sinfonía y continuaba rodeándolos. Su maestro exhaló una nube de vapor en su dirección y al dispersarse, la criatura maravillosa se había desvanecido dejando su recuerdo. Nasser sonrió satisfecho y se acomodó entre los cojines meditabundo.
-No lo entiendo maestro, ¿Qué significa todo esto? -el anciano terminó de exhalar otra calada con paciencia y un gesto grave.
- ¿Eso es lo que has aprendido de mí? Debo ser un maestro horrible. nunca aprenderás nada si sólo tragas conceptos ya mascados Nadir. Me avergüenzas. - y se limitó a mirar al techo distraído donde todavía se podía distinguir el brillo de algunos cristales adheridos a la piedra gris. Aquel maldito vejestorio conocía la respuesta y se la llevaría a la tumba.


Alfredo Gil Pérez 01/03/2018

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