domingo, 9 de octubre de 2016

Cacería involuntaria

        Las gotas de lluvia se abalanzaban en picado sobre la encallecida piel de la ciudad. Las luces de los coches eran cálidas pero ausentes y la cuerda del arco gritaba torturada por la tensión. Un ojo cerrado, el otro fijando su objetivo entre la masa de gentes que fluía sobre el pavimento como una niebla molesta pero necesaria. Liberó primero la presión del índice, luego dejó que el movimiento de su mano al retroceder se sucediera naturalmente. 
La cuerda de pelo de caballo se precipitó lejos de su captora, la base de la flecha se dejó catapultar y la punta metálica gritó contra el aire perforando los murmullos que le dificultaban su camino. De la rama de un árbol cercano cayeron varias hojas de otoño que jugaban con la brisa y mientras proseguía la recta mortífera que le habían marcado, unas polillas jugueteaban con la luz de las farolas proyectando sombras nerviosas en todas direcciones.

        Primero notó el tacto del chaleco de cuero que cedió con facilidad a su afilado filo, seguido de una fina capa de algodón. Luego llegó el contacto de la carne erizada por el frío. En ese momento insufló su sentimiento. Dejó que toda la adrenalina y la atracción que la emponzoñaban se inyectaran como un medicamento contra la monotonía o una droga furtiva en su víctima. Las pupilas se le dilataron, o eso habría visto la flecha de haber podido. Y mientras las plumas del proyectil aún se movían nerviosas por la colisión su pulso se aceleró, las mejillas empezaron a arderle e inconscientemente humedeció los labios. Sonrió y sus ojos brillaron tan radiantes que cualquiera había podido ver los fuegos artificiales que ardían en su corazón.

         Las alas del asesino de la soledad se batieron satisfechas y en su rostro sereno se dibujó una ligera sonrisa de envidia sana. Que irónico que el hacedor de amores fuera incapaz de recibir él mismo una de sus flechas. Sólo él las puede disparar y si se disparara a sí mismo, ¿dónde quedaría la magia de la sorpresa?

Alfredo Gil Pérez 09/10/2016

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