sábado, 2 de abril de 2016

El artesano

        Con las manos denudas acarició su ego como quien acaricia un cachorrito. Lo moldeó como si fuera arcilla y torneó sus asperezas. Las curvas de una personalidad antes llena de aristas se rindieron a su saber hacer y aquel alma rebelde se volvió sumisa y sosegada. La bestia decidió dormir, oculta en sus entrañas y ese sueño encantado tenía promesas de ser eterno. Ya no volvería a contestar, ya no volvería a rugir ni a aullarle a la luna. Su naturaleza quedó eclipsada y cuando el artesano terminó su trabajo observó a aquella criatura encogida sobre sí misma y esperando sus órdenes. 

        Miró en aquellos ojos sin emoción y sintió lástima. No temblaba conteniendo su ira, sus propósitos se habían apagado y esperaba como un cáliz vacío a que alguien o algo vertiera sus propias metas en un recipiente que había perdido el valor y el coraje. Se sintió extraño. Tantos años buscando la forma de moldear las intenciones, tanto tiempo invertido en descubrir aquella panacea de la voluntad y ahora comprendía que no había nada de humano en todo aquello. Recapacitó unos instantes, contrariado. Imaginó un futuro donde las almas vagaran sin un propósito propio y se estremeció de sólo pensar en las consecuencias. Susurró algo inteligible, destruyó sus notas y se ocultó. Volvió a liberar a la bestia y se dijo que sólo así tenía que ser. Que sólo así algún día él mismo limaría sus asperezas y daría una forma más armoniosa a aquella mente perdida y ensombrecida. La criatura se levantó confusa de su cama y salió a la calle donde le esperaba el mundo en el que tendría que chocar y confrontar otras aristas para alcanzar sus metas. 

        - Que podamos pulir una piedra, no significa que el resultado sea tan hermoso como cuando lo hacen el mar y el tiempo. - se dijo el artesano. Y se perdió entre la multitud buscando las curvas con las que soñaba desde hacía siglos. Siguió vagando arrastrando la esperanza de un gran cambio y sin saberlo una arista comenzó aflorar en su mente altiva y redondeada. Tal vez él también se estaba haciendo humano. 


02/04/2016 Alfredo Gil Pérez

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