viernes, 25 de marzo de 2016

Tira y empuja

        La capa ondeaba al viento como la bandera de una patria huérfana degradada por el tiempo y el frío. Se ajustó la capucha y su barba rala se meció con parsimonia mientras rodeaba el templo. Sentado en una columna lo esperaba un hombre sabio y silencioso como el murmullo de los años escrito en las piedras que formaban la nave lateral. Se saludaron inclinando la cabeza y se quedaron allí plantados el uno frente al otro asomándose al interior de sus pupilas en busca de las primeras palabras. 

        - Bienvenido. - dijo el sabio dándole a la calle un aire de hogar acogedor que contrastaba con aquella tarde de invierno tardío - Mi casa tiene muchas paredes y carece de techo, pero no por ello serás peor acogido. Ponte cómodo - señaló un bloque que sobresalía de la fachada mordido por la erosión - y cuéntame la historia de tus pasos sonámbulos, viajero.

          - No quisiera molestarle, - se disculpó algo turbado el primero - pero he oído hablar de usted y he venido para saber más.

        - Yo no he oído hablar de ti y me gustaría que te presentaras. Somos extraños pero puedes tutearme. Al fin y al cabo compartimos la misma casa desde hace mucho tiempo, o eso es lo que grita tu ropa ajada y tus manos sucias.

        - No tengo un nombre concreto y no vengo de un solo lugar. Mis pasos no merecen ser nombrados y no recuerdo que haya nada que destacar a parte de la curiosidad que me ha empujado hasta aquí.

        - ¿Y de qué curiosidad se trata? Debe de ser una muy poderosa para arrastrar a alguien hasta un lugar tan recóndito como éste.

       - He oído decir que conoces lo que motiva a todos los seres humanos y los hace libres. Pero ninguna de las personas con las que me he encontrado ha sabido decir de qué se trata. - el sabio rió y miró hacia el bosque que se adivinaba al final de la alargada y estrecha calle.

        - ¿En qué crees tú? 

        - En nada. - le respondió el viajero desconcertado.

        - Todos los seres humanos creen. Están hechos para hacerlo. Ya sea en historias, en sueños, en personas, en metas... Incluso tú que tienes poco de humano te has dejado arrastrar por tus creencias. No hay una respuesta clara a tu pregunta. Sólo una fuerza visceral que tira de ti o te empuja hacia lo desconocido. ¿Cómo no van a ser fuertes la esperanza, la curiosidad o la fe si han conseguido llevar al olvido hasta una simple piedra para intentar recordar su propia esencia? - y el viento volvió a soplar rodeando una escultura eterna y barriendo las huellas de una idea que nunca llegó a estar allí.

25/03/2016 Alfredo Gil Pérez
       

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