lunes, 26 de octubre de 2015

Medio lleno

        En la barra de un bar, tras su vaso de ron miel dorado como las hojas de otoño, aquel viejo se aferraba a lo que le quedaba de vida. La barba enmarañada y el cabello ralo surcaban sus facciones y su mirada marrón como su elixir se perdía en la inmensidad de la danza del polvo atravesando un haz de luz trasnochado. – Yo mismo me perdonaré el camino – se dijo – y cuando no quede nada que perdonar, seré también yo quien me agradezca haberlo andado así. – dio otro trago a su bebida y juraría que tras su aspecto raído por el tiempo y la mala vida pegada a sus arrugas pude ver por un instante un atisbo de la inocencia de un niño que sobrevivió oculta en lo más profundo de un corazón de ciudad.

26/10/2015 Alfredo Gil Pérez

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