viernes, 28 de agosto de 2015

La diosa de los caminos

        Transitaba un sendero entre dos cordilleras escarpadas cuando la vi. Lo juro. Justo donde se bifurcaba el camino como una lengua viperina, ella estaba sentada con sus cuatro piernas cruzadas, sus tres senos desnudos, sus cuatro manos reposando sobre sus cuatro muslos y sus tres ojos cristalinos clavados en mi silueta a contraluz mientras su melena negro azabache caía en cascada sobre sus cuatro hombros.

        - Hola. - le dije

        -Hola y adiós. - me respondió

        - ¿Puedo preguntarte... - dije algo turbado - qué eres?

        - Quién soy, querrás decir. ¿No me reconoces? Me sorprende. Permíteme explicarte: estás ante la elección de tu camino, como mis tres ojos y mis tres pechos. Puedes ir a la izquierda, a la derecha, o volver por donde has venido. Pero debes saber, hijo mio, que la decisión es importante. Los seres humanos son una maraña de caminos.Cuando conoces a alguien, de alguna manera estás viendo el reflejo de todas las elecciones que ha hecho a lo largo de su vida y te faltan aquellas que ha desechado. Es así que se moldean los vacíos y los llenos que dan forma al cuerpo de sus almas. Así pues, quien te conozca verá lo propio en ti. 
Pero no es tan sencillo, no te ilusiones. Los caminos no sólo son senderos que nos llevan a donde creemos que queremos ir, pequeño mio. Los caminos son como las cicatrices gravadas a fuego sobre la piel: hay que andarlos con mimo y atención para que el resultado sea agradable. La indiferencia hacia el camino es la infección y la pus son los pasos mudos, sordos, ciegos, sin olfato ni tacto. - no hablaba, mi aliento estaba congelado y no podía apartar la mirada de aquel ser de caprichosas curvas y voz relajante - Callas, eso es bueno. Las almas más sabias saben escuchar y hablan con su silencio. Es por eso que te revelaré otra cosa. Entre mis cuatro piernas se esconde otro camino. El cuarto camino es salirse del camino, improvisar. Es el más precioso de todos ellos, pues quienes lo eligen acaban aromatizados con todas las flores que se interponen en su nuevo sendero al atravesar la maleza. - se puso en pie y vi dos sexos el uno al lado del otro. Uno era varón y el otro hembra - El camino no entiende de sexos, - me dijo al ver mi sorpresa - es neutro. Tampoco es bueno ni malo. No hace valores ni tiene intenciones con sus transeúntes.
Eres tú quien tiene que abrir la mente, como yo lo he hecho con mis extremidades, para entender la verdadera naturaleza de lo que es vivir. Y no te avergüences si erras, porque en los caminos no hay errores. Los errores son algo humano y no sotros somos... bueno, diferentes. - en ese momento se esfumó, como si nunca hubiera estado allí. Pero desde aquel día nunca he vuelto a mirar con desdén a la más descabellada de las opciones.

29/08/2015 Alfredo Gil Pérez

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