viernes, 14 de agosto de 2015

Dispara si quieres

        Alzó las dos manos en alto con las palmas desnudas al aire para mostrar que estaban vacías. Las boquillas de aquellos dragones de metal apuntaban prestas a escupir las balas que perforarían su existencia en este mundo al menor movimiento. 

        << Es necesario >>, se dijo. Y en el momento en el que comprendió que el aleteo de una mariposa borracha de ansias por volar lo empujaría a hacerlo ya era demasiado tarde para refrenarse. Avanzó corriendo con las manos en alto hacia sus asesinos. Corrió rompiendo la mordaza del miedo y la barrera del amor propio en busca de la libertad.

        Cuando el metal arrepentido aguijoneó su cuerpo y lo detuvo en su trayectoria suicida, su alma siguió corriendo, muy lejos de allí, en dirección a un alivio y a una tranquilidad mucho mejores que la idea de seguir reprimido en su cascarón de carne que se desplomaba vacío mientras un insecto distraído desplegaba sus alas coloridas para alzar el vuelo lejos de los hombres que venden sus almas a cambio de ideales de ceniza.

14/08/2015 Alfredo Gil Pérez

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