jueves, 23 de julio de 2015

El bosque

        La intimidad de los envejecidos barbuzanos se proyectaba sobre la hojarasca dibujando sus siluetas contorneadas por la luz verde que filtraban las tiernas hojas de la copa de los árboles. En el bosque todo era quietud, una quietud que devoraba las prisas y vertía sobre los pobres incautos que pusieran sus pies en la foresta el olor de la corteza y la tierra húmeda. Ese seductor olor que me transporta una y otra vez a aquel perdido claro donde la brisa canta y el sol observa las entrañas de madera ardiendo en deseos por acariciar los helechos que se ocultan tímidos y púdicos bajo el refugio de las sombras. Sólo tengo que cerrar los ojos para estar allí. Sólo tengo que ser paciente para escuchar el sutil sonido crocante de los tallos creciendo mientras beben de la luz.

        La música allí es diferente, adquiere colores y perfumes caleidoscópicos. Sensaciones que deambulan en el recuerdo, imposibles, pero no por ello menos reales. Los susurros de las flores son tímidos y elegantes. Incluso el arroyo se para a escucharlos, promesas policromo que se abren delicadas sin que nadie las vea y se suicidan al suelo para dormir abrigadas por sus hermanas.

        El bosque es verde, blanco, rojo, marrón, amarillo, negro... El bosque se viste y se desnuda sensual y lúbrico con el paso de las estaciones, está solo y perdido en su ciclo místico que me inquieta y se apodera de mis sentidos cuando inunda mi mirada, majestuoso, invitándome a echarme en su regazo protegido por las ramas.

        Él te habla quejumbroso y con voz seca de las eras que han pasado y las que están por llegar. Tiembla horrorizado por las hachas y se defiende con zarcillos espinosos y raíces profundas extendiéndose cada vez más lejos, cada vez más fuerte. 

        Es en el bosque que todos vagamos perdidos alguna vez en nuestros sueños buscándonos en sus tinieblas. Diminutos seres efímeros de paso por un coloso laberíntico que da lecciones de humildad. Y es allí, entre sus sedas de araña cuidadosamente tejidas y sus columnas salvajes que algún día, cuando llegue la noche y mi tronco esté seco, quiero in a dormir en paz. - dijo un árbol de jardín.

23/07/2015 Alfredo Gil Pérez

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