martes, 28 de julio de 2015

Ciudad muerta

        En la quietud de la ciudad los mismos rostros se deslizan sinuosos con sus miradas vacías y sus expresiones congeladas en un baile preestablecido. Todo palpita al son de los zapatos y su ruido seco al estrellarse contra la llevadera solidez de los adoquines; uno tras otro, izquierdo y derecho, irreflexivos en su divagar e inertes al tacto áspero de la piedra.

        Los ciudadanos son gélidos y van a la deriva como escombros cósmicos perdidos en el vacío de su introspección ruinosa. El ruido es sólo aparente, todo habla y nada dice nada en concreto, una de esas conversaciones superfluas que llenan los vacíos incómodos y no tienen otra razón de ser.

        Hoy la ciudad está muerta en su bullicio, hoy ha decidido callar  y guardar luto por alguna razón que se me escapa. Y aun estando inmerso en el mar de gentes, por primera vez en mucho tiempo, tengo la sensación de estar solo atravesando un territorio yermo, hostil y tintado de sombras y motas de hollín olvidado.

28/07/2015 Alfredo Gil Pérez

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