martes, 30 de junio de 2015

La diosa solar

        Los sacerdotes pasaban las cintas de gasa suave de lino contorneando su cuerpo. El olor de los aceites y ungüentos impregnaban la sala espartana repleta de escalpelos y todo tipo de útiles que reposaban sobre el altar en el que la diosa dormía esperando su próximo viaje al otro mundo. Tres gatos maullaban desconcertados y las vasijas repletas de órganos se sumergían en una nube de inciensos densa y acogedora. 

        Su belleza quedaría inmortalizada, su cuerpo cristalizado en una mortaja eterna que guardaría el suspiro efímero y carnal en el que se había refugiado un gran alma del Nilo. Sus ojos no contaban lo que veían al otro lado, pero su serenidad era un consuelo para aquellos que aún no habían sumergido los pies en el río de las sombras en el que todos acabaremos algún día de forma natural y en el que,naturalmente, nadie quiere encontrarse nadando. 

30/06/2015 Alfredo Gil Pérez

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