lunes, 4 de mayo de 2015

El tronco mudo

        Y allí, plantado desde quién sabe cuándo, se preguntó por qué nadie quería escuchar lo que tenía que decir sobre lo que había visto. El tiempo había llegado a su tronco inexorable y guardaba secretos valiosos, consejos y sabiduría abrigados bajo sus ramas. 

        - ¿De qué sirve un sabio cuando ya no queda nadie que hable su lengua? Sólo le invade la humildad y le corroe la tristeza de saberse útil y sentirse estúpido. El conocimiento y la inteligencia no son tesoros bajo llave, si no existe intercambio se vuelven estériles, un amasijo de pretensiones vacías y desoladas.


04/05/2015 Alfredo Gil Pérez

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