sábado, 28 de marzo de 2015

Toca para ti

        Las cuerdas tensadas vibraban susurrando notas al son de unos dedos desnudos y taciturnos que acariciaban el arpa con mimo y firmeza. Sus bucles castaños pendían adormilados por la melodía y sus ojos cerrados veían los trazos de una de esas canciones que surgen sin pensar cuando el artista tímido se desprende de los tabúes de una partitura reglada y se deja hacer por la sinfonía que todos llevamos dentro y que en ocasiones llegamos a atrapar entre nuestros suspiros vacíos de otra intención que no sea sentir. 

        La habitación enmudeció e incluso el reloj de pared frenó en seco su segundero por miedo a distorsionar aquella sutil ráfaga de aire fresco que azotaba con sostenidos cada astilla y cada mota de polvo que era testigo de aquella revelación. 

        Las velas henchidas de los barcos los empujaron a soñar y las quimeras agazapadas se revolcaron juguetonas bajo la sonrisa perdida de sus labios. La lavanda, las estrellas que aún no se han contado, los deseos que aún no hemos pronunciado, todos se amalgamaron jugando a ser materia, una sustancia fluorescente que palpitaba con los miedos y las dudas que te empujan a abrir una puerta devorado por la curiosidad de lo que pueda haber al otro lado. Un tapiz de finas hebras comenzó a tejerse cuando nadie lo miraba y todo se inundó por el sentido de ese momento en el que todo parece certero sin ninguna explicación aparente, en el que la plenitud danza en cueros por nuestros corazones por el simple hecho de aceptar que es pasajera. 

        Y aunque como de costumbre cuando volvió en sí y abrió los ojos todo aquel fantasma sinuoso se desmoronó sin dejar rastro, en su respiración calmada y complacida había algo que le recordaba su silueta. Un olor que no existe y la electricidad circulando por cada vello de su piel rugían que la realidad no es solo lo tangible, sino también las cosas para las que no tenemos un adjetivo. Él sonrió y desde una oquedad del techo de madera de aquel viejo desván una musa lloraba alegre por que aún quedara gente capaz de escuchar su voz.

28/03/2015 Alfredo Gil Pérez

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