lunes, 9 de marzo de 2015

Luna

        - ¿Yo? Yo miro la luna porque me gusta pensar que ella también me mira desde la distancia. Es una amante inconstante, a veces no está para devolverme la sonrisa e iluminar mis pupilas con esa luz plateada. Pero de alguna forma, cada vez que la veo ahí suspendida en mitad de la nada mi corazón se tranquiliza y no puedo evitar que me invada un sentimiento infantil y nostálgico. 

        Ella siempre se ha presentado cuando no la esperaba, brillando tímida y coqueta, deseando que me fijara en sus curvas. Las grandes noches han estado envueltas por su extraña aura y entibiaba mis baños nocturnos en la marea, cuando todo estaba a oscuras y ella se empeñaba en deshojar la intimidad de mis paseos por la arena. 

        Reconozco que le he confesado cosas que no me atrevería a susurrarle a nadie y nunca me ha juzgado por ello. 

        Sus cráteres siguen ahí inamovibles y perfectos. Su compañía es como la de un ángel silencioso que te observa y te acaricia cuando el frío de la madrugada perdido en quién sabe dónde te hace pensar en el tedio. Ella te maravilla una y mil veces siendo expresiva sin gestos y hablando sin palabras. Bajo su luz todo parece más bello y misterioso porque el mundo se tinta con un velo tornasolado y sugerente que hace que todo se mueva lento y que el latir del corazón resuene en tus oídos sin remedio. 

        Cuando está llena es casi magnética. Su fuerza tira de tu alma como si hubiera lanzado un anzuelo que has picado seducido por tu ingenuidad. Y cuando está nueva es su ausencia la que te fascina con un cielo negro plagado de estrellas que tratan de paliar el hueco que ha dejado ese inmenso globo fluorescente. 

        Supongo que me recuerda a las luciérnagas, o viceversa. Son de esos pequeños milagros que pasamos por alto hasta que un buen día su hechizo cae sobre nuestra mirada despistada y nos hipnotizan con su rareza.

        La miro porque si no estaría perdido. La miro porque he guardado pedacitos de mi alma en ella para no perderlos. La miro porque así me lo pide el cuerpo por las noches. La cuestión es: ¿cómo no iba a mirarla?

09/03/2015 Alfredo Gil Pérez

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