lunes, 16 de marzo de 2015

El tripulante

        Su cuerpo flotaba inmerso en aquel agua tan cálida. Sus ojos cerrados dormían en la absoluta oscuridad y los sonidos hacían vibrar su corazón sosegado. Las ondas que se desplazaban dentro del líquido cuando su nave sufría turbulencias azotaban su piel con caricias espesas y mientras se dejaba mecer por aquel estado de suspensión maravillosa movía sus nuevas manos y estiraba sus nuevas piernas.

        Sin saber muy bien por qué aquel estado paradisíaco tocó a su fin dejándolo aturdido. El globo de agua en el que viajaba se desgarró de alguna manera y la sustancia en la que descansaba se escapó hacia el abismo hasta vaciarse. Se sentía incómodo, las paredes de la estructura de plasma se adherían a su cuerpo y lo oprimían. Notaba cómo se escurría él también hacia el agujero negro que amenazaba con tragarse su universo.

        Le invadió el miedo, la angustia... ¿Qué habría allá adentro esperando con su voraz apetito? Se asió a la rugosa superficie que se convulsionaba violentamente como pudo. Pero sus débiles manos, acostumbradas a la tranquilidad de su laguna oscura, no eran lo suficientemente fuertes como para salvarle. Comenzó a deslizarse por una especie de desagüe que le estrangulaba.

        Trató de llorar pero no podía, ya no había agua. Sabía que no iba a conseguirlo cuando, de repente, una luz radiante se transparentó sobre sus párpados cerrados y notó cesar la presión asfixiante. 

        Todo le dolía. Se sentía como si alguien hubiera apaleado cada centímetro de su cuerpo. Notó un golpe seco en su espalda y magullado como estaba gritó un llanto amargo de desahogo y abrió los ojos por primera vez en una eternidad. Una sustancia extraña se había colado en sus pulmones y asustado por la idea de perecer, por el horror que le producía su instinto de supervivencia, lloró aún más.

        Cuando notó que aquella materia no le había calcinado los pulmones, el alivio inundó su cuerpo con una descarga salvaje. - ¡Enhorabuena, es un niño! - y el les odiaba a todos.

17/03/2015 Alfredo Gil Pérez

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