domingo, 1 de marzo de 2015

El dragón azul

        Los vuelos del kimono acariciaban la hierba mientras la madera de sus sandalias golpeaba la calzada que rodeaba aquel santuario sobre la montaña. El sonido del bambú que chocaba sosegado contra la roca del shishi odoshi marcaba su ritmo y el maquillaje perfectamente blanco de su cara se estremecía con las corrientes gélidas de aire que la abofeteaban de tanto en tanto.

       Se colocó en su posición y los concertistas comenzaron a hacer tronar sus Taikos. Desplegó dos abanicos metálicos engarzados con una multitud de cristales de colores y tomó la posición inicial. Giró al ritmo de la música y agitando los abanicos levantó varias ráfagas de viento que arrancaron los pétalos de cerezo que dormían en el suelo. Una graciosa flauta comenzó a deslizar su sonido entre los tambores junto a las cuerdas de la biwa cuando los pétalos se precipitaron sobre ella, como si quisieran sepultarla y se dejó hacer por aquella marea rosa. Desde el exterior no se distinguía su figura hasta que con varios golpes de tambor agitó sus abanicos enviando los pétalos lejos de allí con los destellos que producían los cristales tintados. 

        Concentrada, pasaba de una posición a otra, abstraída en su bien hacer. Su mirada estaba perdida, como si no viera aquel lugar, sino algún otro paraje más lejano perdido de la mano de los kami. Las nubes remontaron la colina y el sonido de las matas de arroz mecidas por el aire se unió a la procesión. Una lechuza levantó el vuelo saliendo del bosque hasta posarse en su brazo extendido y con un último golpe de sus abanicos los pétalos terminaron de alejarse entre las nubes sin mirar atrás. La lechuza voló a darles caza y todos cesaron de tocar con el sonido grave del bambú al derramar el agua. 

        Nadie la observaba ya cuando la mano cálida de un kami giró su rostro. Lo había conseguido, el tifón que amenazaba erguido desde la costa volvía poco a poco a dormirse entre las aguas saladas del mar. Japón podría respirar tranquilo un día más.

01/03/2015 Alfredo Gil Pérez

No hay comentarios:

Publicar un comentario