miércoles, 11 de febrero de 2015

La máscara

        Giró con su sonrisa en aquella sala abarrotada de gente. Su paso era firme y seguro, sus gestos tranquilos y su conversación elocuente. Pero el rostro le dolía y el corazón gritaba buscando desesperado un rincón tranquilo para desahogarse. Las copas de martini tintineaban y la música de ambiente era suave, la atmósfera la reconfortaba a su manera y a pesar de sentirse integrada aquella punzada de soledad seguía asfixiándola como si su corset estuviera demasiado ceñido. Abrió las puertas del balcón y salió a tomar el aire con el recipiente de delicado cristal en la mano derecha. Recogió el vestido con la izquierda y se apoyó en la balaustrada para observar las luces de los coches que se veían como pequeños puntos desde la distancia de aquella planta del rascacielos. Dejó la copa con cuidado sobre la superficie de mármol y se acarició con mimo la cara hasta notar el tacto a madera. Con un sonido suave desencajó su máscara y unas lágrimas brotaron por fin libres arruinando su maquillaje. El aire frío ayudaba y perdió la mirada en el cielo encapotado de aquella noche. - ¿Estás bien? - le preguntó una voz invadiendo su intimidad y avergonzada miró hacia otro lado. - Tranquila, no eres la única que necesita un respiro. De vez en cuando yo también me escabullo para quitármela y recordar como me siento realmente. - por primera vez en días no necesitó la máscara para sonreírle a alguien. Se miraron y entraron otra vez a la fiesta con el alma desnuda, dejando dos sonrisas esculpidas olvidadas en el balcón de un piso 27.

11/02/2015 Alfredo Gil Pérez

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