miércoles, 25 de febrero de 2015

Hambre y Guerra

        Hambre y Guerra estaban tendidas bajo el sol, con los ojos vendados y despojadas de sus ropas. Escuchando la respiración la una de la otra se dieron cuenta de que no estaban solas en aquella pradera y tanteando con las manos fueron en busca de compañía. - ¿Quién eres?
- Soy Hambre. ¿Y tú? - dijo la primera algo nerviosa.
- Yo soy Guerra. 
- Menos mal... Tenía miedo de que fueras Justicia. Siempre me da problemas. 
- No, tranquila. Justicia hace ya tiempo que no viene por estos lugares. - le respondió Guerra acariciándose los cabellos rojos como la sangre.
- Me alegro de encontrarte de nuevo Guerra, siempre has sido una buena amiga y has estado ahí cuando lo he pasado mal. 
- Y tú también Hambre, creo que tengo pocos aliados tan fieles. ¿Qué te trae por aquí?
- Suelo venir a descansar a este lugar. Los humanos me dan mucho trabajo. Dicen que me odian, pero luego no paran de invocarme. Es una relación muy complicada la nuestra. Uno de esos grandes romances. - el cuerpo famélico de Hambre se encorvaba para buscar raíces bajo la tierra mientras hablaba y su cabellera pelada relucía con un blanco anacarado bajo la luz. 
- Te entiendo Hambre, a mi me pasa justo lo mismo. Y a veces me siento mal, pero siempre me consuela pensar que hemos sido las primeras.
- ¿Las primeras? ¿A qué te refieres?
- Pues a que hemos sido las primeras en nacer, claro. ¿No lo sabías? - el cuerpo musculado y repleto de escarificaciones de Guerra contrastaba muchísimo con la debilidad que aparentaba su voraz compañera.
-No, la verdad.
- Pues sí. Los hombres nos crearon a nosotras primero. Y cuando ya eramos maduras decidieron crear a nuestros negativos para indicar nuestra ausencia. La Paz se las da mucho, pero hasta que no probaron mi látigo las personas no inventaron una realidad para definir la ausencia de guerra. Ella es una sombra y lo mismo pasa con Saciedad.
- Vaya... - se sorprendió Hambre - Entonces los humanos deben de querernos realmente. Aunque sea por una nostalgia agridulce. - Hambre se recostó sobre el pecho de Guerra y las dos se quitaron las vendas de sus ojos aterradores para observar el paisaje.
- En el fondo nos aman. Les gusta el morbo de abandonarse en nuestros brazos cuando las cosas van mal o demasiado bien.
- Supongo que son seres de costumbres y no pueden imaginar un mundo donde no nos tengan. - las dos abominaciones se besaron en los labios descarnados de una y consumidos contra sus dientes de la otra, esperando a que las volvieran a reclamar para acariciar los efímeros cuerpos del ser humano.

25/02/2015 Alfredo Gil Pérez

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