lunes, 6 de octubre de 2014

Mordisco

        Clavó la mirada en el fuego, notó sus garras en el corazón y cuando buscaron a la bestia la pira estaba desierta y unos labios pálidos dormían con un beso carmesí como única despedida. No había bruja que quemar y el terror de la noche se había vuelto más crudo. - Tranquilos. - susurró una voz a sus espaldas cuando ya no había tiempo para correr o gritar en busca de auxilio. Lo último que perturbó la noche fueron unos pasos inquietantes y el olor ferroso.

06/10/2014 Alfredo Gil Pérez

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