domingo, 19 de octubre de 2014

Montes de ti

        Me desveló la noche y te busqué en mi cama. Me di cuenta de que no estabas y me consolé con los recuerdos y el olor de ti que en mi ropa quedaban. Tengo ganas de tu cuerpo, de tus ojos, de tus besos, de las caricias de tus manos y la sonrisa de tus labios cuando te miro fijo y pienso que el otoño ya no es frío si te tengo y sus hojas anaranjadas me abrigan cálidas y dulces, con el color de tus cabellos y la música de tu voz.

        Cuando bromeo no puedo remediar que me asalten tu hermosa carcajada, tus ojos arqueados y el alud de sentimientos que me sepulta cuando hablamos y fingimos no querer comernos. La graciosa forma en la que muerdes tu labio y ese colmillo torcido que se revela contra la perfección de tus dientes, apuntándome amenazante y directo. 

        El calor de tu cuerpo es como un sol que me irradia y hace de faro en la noche cuando te tengo entre mis brazos o tu me tienes entre los tuyos. El verde de tus ojos es una foresta desde la que me observas, densa, fértil y misteriosa como todo tú. No hay resquicio que no quiera, no hay palabra que no beba y cuando se trata de tu piel el terciopelo se acompleja y me quito todo abrigo para poder cubrirme con ella. 

19/10/2014 Alfredo Gil Pérez

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