miércoles, 24 de septiembre de 2014

La niña de colores

        Hace viento, hace viento y sopla en todas las direcciones posibles. Las hojas se arremolinan y van y vienen como las mareas, los muros parecen querer doblarse, las ramas silban y aún así hace viento. 

        Hace viento y no he cerrado la ventana para escuchar su poesía, para ver paraguas volando y tejas que se suicidan. Los transeúntes se han puesto de acuerdo y visten de negro, gris y tierra fría. Los pájaros no cantan, los niños no juegan y las abuelas no pasean por la vía. 

        Allá al fondo una mancha de colores se aproxima, es un alma despistada que no sabe que es invierno, que se niega a estar de luto por el sol que sólo enfría. Hace viento y el viento celoso le sopla y la tira. Se levanta desde el suelo y pisa fuerte la chiquilla. Pinta baldosas paso a paso y los árboles grises y mustios recuperan la energía. Cae la lluvia y hay más viento, pero ella no vacila. Va, menea las coletas y el viento se asusta y gira. Crece la hierba y avanza, cierra los puños, le grita con un diente que le falta y las pecas resentidas. Derrotado el viento se esconde, se abre el cielo y llega el día. Vuelve a gritar, los colores recuperan la avenida. Ya no hay viento en esta calle, ahora hay una dulce brisa.

24/09/2014 Alfredo Gil Pérez

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