sábado, 2 de agosto de 2014

Sin alas




       A contra luz, resaltando sobre el azul del cielo, las nubes, como inmensos colosos de vapor, avanzaban en formación dejando claros aquí y allá. El sol iluminó aquella cara etérea, pecosa e infantil mientras se elevaba, buscando emerger sobre aquellos mastodontes blancos y puros para respirar la libertad que esconde el cielo sobre nuestras cabezas.

        Agitó los bracitos, sus pupilas se dilataron al verse alcanzar su meta y arrastrando jirones de aquel algodón de ángeles contuvo la respiración observando el infinito mar de nubes refulgente bajo sus pies. La inmensidad de aquella manada le recordaba su pequeñez; el vacío de aquel espacio salvaje, la fuerza de lo simple y el aire que llenaba sus pulmones, la violencia con la que invade la alegría. Profirió un grito desgañitado, de esos que ponen la piel de gallina, que arrancan lágrimas de empatía y se abalanzó en picado sobre las nubes para descargar jugando la ira con la que la sonrisa se había apoderado de su expresión.

        Un extraño delfín sin mayores preocupaciones que hacer espuma de agua dulce.


02/08/2014 Alfredo Gil Pérez

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