domingo, 31 de agosto de 2014

Sicario mecánico

        El drone avanzaba por el pasillo con sus ruidosas hélices sosteniéndolo en el aire. Los agujeros en las paredes hacían que las sombras que proyectaban sus linternas se retorcieran y formaran espectros horrendos dignos del más escalofriante de los inframundos. La cámara térmica detectaba un humano en la habitación del fondo, pero tenía orden de no disparar hasta reconocer al objetivo. Por lo que avanzó con su molesto zumbido como una avispa entrando en la colmena.

        La hoja de la puerta estaba cerrada, abrió fuego al manillar y su aguijoneo metálico lo hizo saltar por los aires. La embistió, cedió sin problemas y una habitación infantil se abrió paso en su enfoque. En la cama, bajo las sábanas de dibujos, se distinguía una figura temblorosa.

        Su mano robótica hizo agarre y tiró con violencia del tejido. Una niña con la nariz regordeta y los ojos rasgados temblaba abrazando su osito. El reconocimiento facial lo confirmó, era la hija del rebelde que buscaban. Desplegó el armamento, la niña asustada le lanzó su peluche en un intento desesperado por hacerle frente y sin inmutarse, sin filtro programado para planteárselo, el droide descargó un cargador sobre aquel pequeño objetivo  que alguien había decidido eliminar desde la aséptica seguridad de un teclado.

31/08/2014 Alfredo Gil Pérez

No hay comentarios:

Publicar un comentario