jueves, 7 de agosto de 2014

Garras rotas



   

       - Eres más sutil que la mosca en una telaraña. - su cara arrugada esbozó una sonrisa, sus ojos se cerraron y giró sobre sus talones para encarar al intruso. - Hace ya muchos años que dejé de temerte, Miedo. Ya no soy aquella niña que miraba bajo la cama asustada por tus susurros, ni tu eres el escalofrío que me helaba la piel cuando se apagaban las luces del pasillo. Supongo que los dos hemos mejorado, nos hemos vuelto más agudos. Pero esta vez gano yo... - abrió los ojos y la sala estaba completamente vacía, salvo por una mecedora que se bamboleaba sin nadie que la empujara. La anciana se endosó el abrigo y salió a la calle nevada dejando atrás a su viejo compañero.



07/08/2014 Alfredo Gil Pérez

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