martes, 19 de agosto de 2014

El rey etéreo

        Metió la mano en el agua turquesa y dejó que el líquido lamiera sus heridas. Zambulló la cabeza, abrió los ojos y la arena del fondo parecía tan nítida como la de la superficie. Sumergió el resto del su cuerpo y margulló hasta alcanzar el otro extremo de aquella extraña bahía que eran los baños de la corte. 

        El sol irradiaba su cuerpo desnudo, arrancando destellos a los abalorios de plata que trataban de ocultar su falta de pudor y apoyado en al borde de aquel precioso estanque de alabastro y arena blanca observó al pié de la atalaya en la que se apostaba el palacio la selva y la ciudad que se mimetizaban la una en la otra.

        - Desde luego no has cambiado nada, Rajá. - sentenció una voz desde el pórtico de los baños. No necesitó volverse para saber de quién era aquel tono grave y autoritario. - Sigues siendo bufón de tus miedos, esclavo de sus perspicacias y extraño deseo de quienes no te conocen. - sin darse por aludido echó un último vistazo a sus dominios, sumergió la cabeza para coger impulso y emergió para lanzarse al vacío con la forma de una nube. Los ojos anhelantes de su sorpresor le despidieron con nostalgia.

19/08/2014 Alfredo Gil Pérez

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