lunes, 4 de agosto de 2014

El beso enemigo




        Los dos soldados se arrastraron como pudieron a la misma trinchera, al verse en medio del fuego cruzado. Las explosiones y la metralla danzaban sobre sus cabezas, los escombros volaban ligeros y sus cascos amortiguaban las piedrecillas que los bombardeaban entre la nube de polvo ensordecedor. 

        Sus ojos se cruzaron sorprendidos por el otro peso muerto que había caído en aquella fosa en busca de refugio, sus uniformes eran opuestos y la sangre se les heló con la vista fija en el arma del contrario. No cruzaron palabra, sabían que no valdría de nada pues sus lenguas bailaban en distinto lado de la frontera. Pero había un idioma que sí compartían, el terror de que aquel sol ensombrecido por el aire enrarecido fuera el último. 

        Sus pupilas se dilataron, otro estruendo, esta vez más cercano, les puso la piel de gallina y la muerte parecía estarles susurrando en la nuca. Aquellas dos caras eran demasiado jóvenes para odiar y matar, demasiado inexpertas para abandonarse y dejar de ser humanos, aunque poco importa eso cuando te ves acorralado.

        Uno de los dos tembló, casi lloraba ante la idea de abandonar el mundo con tan pocas noches a sus espaldas. El otro se apiadó y dejando su fusil de asalto apretó su muslo para consolarlo. Lejos de revolverse y atacar se miraron, se quitaron los cascos y vieron que bajo las insignias no había otra cosa que ellos mismos. 

        Brotaron lágrimas del más joven y una sonrisa nerviosa le agradeció el gesto a su adversario que parecía invadido, por primera vez en mucho tiempo, por algo que no fuera el miedo, la ira o el dolor. La trinchera tembló violentamente por otra explosión que les arrebató el sonido de este mundo. Impulsados por uno de los instintos más primarios se abalanzaron buscando cobijo el uno en el otro y sin pensárselo dos veces sus bocas se unieron para tratar de huir de aquella vida y sus miserias. Se abrazaron sin mediar palabra y aquel día desaparecieron dos desertores.


04/08/2014 Alfredo Gil Pérez

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