miércoles, 9 de julio de 2014

Suicidio temporal

        La criatura estaba replegada sobre sus seis piernas y sus tres brazos, temblando, consumida por el terror. El tiempo parecía haber conseguido su propósito, por fin iba a erradicar a la última forma de vida consciente de nuestro universo. Se inclinó proyectando los fantasmas de su sombra sobre aquella lamentable existencia, no era mucho comparado con los seres que ya había barrido antes como polvo de estrellas, pero su esencia seguía atada a aquellos dos ojos esféricos y abiertos de par en par.
        - ¡Piedad! ¡Clemencia, por favor! - profirió por aquella enorme boca. ¡Vaya, si sabía hablar y todo! Pero la clemencia no era un lujo que pudiera permitirse uno si realmente quería el descanso eterno y era algo que anhelaba desde el inicio de los tiempos, si es que alguna vez lo hubo. Aceleró el paso de los años, incluso de los siglos y como volutas de arena las arrugas fueron marcando la piel de aquel lo que quiera que fuese.
        - ¡Ojalá te mueras! ¡Te odio! Eres cruel y despiadado. Pasas rápido, de una forma macabra y sigilosa. Aquí, en este desfiladero, vas a acabar conmigo. 
        - <<Y conmigo.>> - se dijo el tiempo cuando notaba expirar la vida de aquel amasijo de carne maltrecho y desvalido, empotrado contra el acantilado. Un alarido gutural brotó de su garganta y escupió algo de espuma. El brillo de inteligencia que tenían sus ojos se evaporó como lo había hecho su voz. En ese momento, al no haber nadie que lo pensara el tiempo se esfumó. Aquello era lo único que pasaba en el universo y era una de las muchas cosas que tenían lugar, el pasado nunca había sucedido y ahora era el presente. No había posibilidad de futuro y tenían todos los futuros posibles condensados en un mismo punto. El universo se contrajo en lo que pudo haber sido la etapa más larga de la realidad o a penas un microsegundo, nadie lo sabrá. Aquella paradoja se devoró a sí misma y el polvo de estrellas se dejó llevar, las dimensiones desaparecieron y un estallido que tal vez no fuera tal, pero allí estaba, catapultó todo fuera de aquel lugar en el que estuvo situada la última criatura capaz de pensar en el tiempo, hasta que otra apareció en el cosmos y su primitiva mente dio a luz a un nuevo tiempo, al primer tiempo que nunca habrá, al tiempo que siempre hubo.

09/07/2014 Alfredo Gil Pérez

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