viernes, 18 de julio de 2014

Magec



        La pequeña rompió sus cadenas de sombras y la diosa volvió a sentir la energía recorrer sus venas inmortales. Aquel sacrificio para salvar a los suyos la había conmovido y agitó furiosa las entrañas del Teide, donde la había encerrado el señor de las tinieblas. Sus lágrimas se tornaron magma y separó las paredes de su cárcel de piedra viva mientras trepaba por aquella chimenea descomunal para llegar al cráter. Golpeó el techo solidificado con un grito furioso que hizo retumbar las islas y emergió desnuda, en un torrente de lava, entre explosiones, a una noche eterna que no lo sería tanto. La luna era nueva, su amado Enack estaba obrando magia con las estrellas.  Su cuerpo dorado refulgente ascendió trayendo el día desde el interior de un volcán. La luz cegó a Gaviot y los almogarén, las montañas, los árboles y manantiales bebieron de aquel torrente de energía mientras encerraban al maligno en su propia prisión del submundo.

        Los hombres lo festejaron, la tierra se adornó con frutos y cereales y el mar volvió a ser un vergel azul que regaba los bosques y regalaba marisco y pescado a las bocas hambrientas que lo llamaban.


18/07/2014 Alfredo Gil Pérez

No hay comentarios:

Publicar un comentario