martes, 1 de julio de 2014

La venganza de Neptuno

       El océano se replegó asustado y la cresta comenzó a asomar en el horizonte, levantándose furiosa como un muro impenetrable que estrechara el cerco a una velocidad claustrofóbica y con la fuerza de un titán. Nunca antes el azul del mar, cristalino a través de aquella ola monstruosa, había inspirado tanto terror. Los terruños de coral de colores se zarandeaban en la prisión de agua vertical como peces jugando en su espuma y las algas del fondo, aguantando la presión como podían, parecían reverenciar a aquel coloso al seguir el curso del agua todas a una. La isla esperaba, estoica, con sus templos orgullosos, los tonos rojizos de los tejados de las casas, la cal de sus paredes y el rugido de la población silenciado por aquel misterioso estruendo de más allá de las murallas.

        Los pájaros exóticos con plumajes inimaginables alzaron el vuelo para huir del brutal abrazo entre la tierra y el mar que estaba a punto de acontecer. Los árboles se zarandearon con la brisa tratando de hacer pies de sus raíces y la arena de la costa se estremeció con la llamada de su dueño, el mar. Una niña, en lo alto de una torre le dio la mano a su madre que la abrazaba envolviéndola en sus sedas púrpuras al ver lo que les esperaba y las campanas y los cuernos de los vigías comenzaron a tronar, al menos durante el poco tiempo que tenían la gente sabría que tocaba correr. 

        Al llegar a la costa la ola se abalanzó sobre sí misma y rompió contra los acantilados y las murallas como si el mar tratara de empujar la isla. El agua rebasó los fragmentos que no habían salido disparados por la presión y anegó las calles en una carrera frenética para volver a encontrar mar al otro lado. Lo devoraba todo y a todos; templos, casas, tabernas, mercados, tumbas, su apetito era voraz y desde aquella torre que se tambaleaba madre e hija vieron sucumbir la orgullosa ciudad en aquel abrazo tan duro como insustancial. Cuando lo peor parecía haber pasado el mar comenzó a replegarse repitiendo la catástrofe como si alguien tratara de revertir el tiempo y la hermosa Atlantis quedó hecha un mosaico de azulejos, paredes, cadáveres y esculturas esparcidos entre el lodo cuando se retiró la primera ola. Pronto comenzarían los terremotos.


01/07/2013 Alfredo Gil Pérez

No hay comentarios:

Publicar un comentario