miércoles, 16 de julio de 2014

Gaza, sudario de huesos





        El biber hit cubría un cráneo perlado al que la piel reseca se adhería como podía, desprendiéndose en determinadas zonas tirada por una prominente barba blanquecina. Las cuencas estaban desprovistas de ojos y su vestimenta revelaba la procedencia israelí de aquel cadáver decrépito, vestido con un atuendo negro. Con despreocupación movía las fichas en un tablero donde se recreaba con todo lujo de detalles el mundo real. Su oponente, por contraparte, tenía unas ropas coloridas, con intrincados bordados. Diría que en vida fue una mujer palestina, pero apenas quedaba pelo en su cabellera y la ropa colgadiza sobre los ridículos huesecillos ya no insinuaba pechos. Tal vez era una felaheen que acababa de mover ficha. 

        - Te toca. - invitó a su contrincante con lo que antaño fuera una mano enjoyada. En el tablero una explosión causó revuelo en la zona de la muerte israelita y cogió a un par de humanos que pataleaban tratando de zafarse.

        - Buen movimiento, querida. - concedió bajo su sombrero negro y envió misiles a algunas casas. Los dientes de la calavera palestina se apretaron hasta perder uno o dos y retiró sus piezas.

        - Muy agudo.

        - ¡Son civiles! - dije horrorizado cuando me percaté de las fichas que una y otra parte desterraban del campo de batalla. Se echaron a reír sin gargantas y cuando cogí una de las miniaturas animadas me miró desconcertada, con los ojos llenos de lágrimas. Me la arrebataron sin contemplaciones.

       - No has sido invitado para juzgarnos, sólo disfruta desde tu silla. No somos culpables de lo que ves, sólo somos conceptos vacíos. Culpa a quien hace las guerras por como las hace, por el hecho de hacerlas. Aquí sólo limpiamos los desechos de muchas malas decisiones. - giré la vista y un sin fin de muertes, con todo tipo de atuendos y tableros jugaban sus propias partidas.


16/07/2014 Alfredo Gil Pérez

No hay comentarios:

Publicar un comentario