lunes, 30 de junio de 2014

El murmullo de las bacantes

        En el regazo del dios Baco destilan penas y alegrías, las lenguas elocuentes se vuelven pérfidas y las lenguas más pérfidas suenan elocuentes; nos engaña el trance espirituoso y nada ni nadie ve lo que vemos, ni como lo vemos. 

        Su regazo es caprichoso, amante trasnochado, discreción extraviada y amasijo de palabras poco masticadas y mal planteadas.

        Porque cuando los licores de las vides inundan la garganta y el gaznate sediento hace augurios sacrosantos y patéticos, los sátiros bajan al alma, sacan lo que nunca vemos y lo invitan a brindar.

        Tambaleándose como en un ventoso día de otoño una hoja al viento, bailan por los campos de la ménade nuestras frágiles vergüenzas. 

        Lo sagrado en todo ello es el estar desnudos, es el seguir sedientos.

30/06/2014 Alfredo Gil Pérez

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