viernes, 6 de junio de 2014

El mar, mi mar

        Me acerqué al mar en calma, cuando nadie nos veía. Me quite la ropa y me bañé en sus costas. - Si tú fueras mi mar - le dije - te haría el mar más feliz del mundo y besaría todas tus olas. - pero el mar no siempre es calmo, hay tormentas y otras cosas. En sus aguas moran monstruos y aunque su sal resulte dulce, agrieta los labios que lo besan demasiado. Abrí los ojos en su interior, pero todo era borroso. - ¿Me quieres? - y rugió con mareas furibundas, me bañó con aguas frías y me ahogó en su abrazo inmenso, líquido. - En el fondo sé que no puedes ser mi mar, que un mar es demasiado grande para ser mío o de nadie, demasiado salvaje, demasiado libre. Pero me gusta soñar con poseerte y con que te das cuenta del infinito amor que alberga una criatura tan insignificante y efímera por tus aguas. - sequé sus gotas saladas de mis labios, lo observé desde la arena, ardí en la puesta de sol y lloré porque volviera.


06/06/2014 Alfredo Gil Pérez

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