miércoles, 14 de mayo de 2014

El tren de Terrassa

        Se sentará en el vagón. Quién sabe qué ojos verá, qué caras, qué gentes. ¿Escuchará las conversaciones o hablará consigo mismo? Yo no lo sé. Si hace frío o llueve se me escapa, o si el sol iluminará el cristal saludando a la mañana. En su viaje, tal vez, no haya prisas, o tal vez las tenga todas. Mirará su reloj y suspirará consciente de la velocidad con la que pasa el tiempo.

        Esos raíles se lo llevarán y lo devolverán una y otra vez por un trayecto que tal vez yo nunca haga. Tantas serán las personas que lo vean como mis ganas de hacerlo y aun así lo imagino en su vagón adormilado desfilando hacia el trabajo, bamboleándose con el traqueteo que lo deslizará hacia Barcelona.

        El verde de sus iris se centrará en sus asuntos y con suerte una sonrisa se dibujará en sus labios leyendo estas palabras. En ese momento habrá merecido la pena. Porque aunque mis ojos no puedan compartir su viaje por la ceguera, de alguna manera estaré a su lado. Viendo lo que él ve y besando el aire que roza sus labios.


14/05/2014 Alfredo Gil Pérez

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