lunes, 19 de mayo de 2014

El mago

        - Te digo que soy un mago y te lo voy a demostrar, tú sólo espera y dame tiempo. 

        - De verdad, Eliot, no es necesario, te creo. - le dijo la chica aburrida sentada en uno de aquellos peldaños de piedra fría. - Es muy temprano, me gustaría volver a la cama. No estoy de humor para tus tonterías. - sus ojos ámbar miraron suplicantes a aquel muchacho desgarbado y harapiento. 

        - Ya casi es la hora, espera... un poco más... ya está aquí... - el chico descorrió la lona que tapaba la vidriera emplomada de la catedral justo cuando los primeros rayos del amanecer la atravesaban por el este. Un mar de colores bañó la estancia lúgubre y una caricia cálida rozó la cara de la chica que abrió los ojos seducida por tanta belleza. Las imágenes de ángeles y paisajes maravillosos parecían cobrar vida y su corazón comenzó a latir a un ritmo desenfrenado. El vello de su cuerpo se erizó como lo hacían cada una de las plumas meticulosamente dibujadas en aquellas alas de vidrio y una lágrima pendió dubitativa de sus ojos. 

        - Es el mejor trabajo que he visto nunca, de verdad parece magia Eliot, pero no es más que una vidriera. Muy buena, eso sí. Enhorabuena. - la chica volvió a sumirse en sombras a pesar de estar bañada por una luz celestial.

        - ¿Lo ves? ¡Ese es tu problema! Infravaloras todo lo que te rodea. Lo que acabas de sentir es magia, Nadia. He visto tu mirada, has sonreído por primera vez en mucho tiempo y sé que tu corazón ha dado un vuelco cuando te has visto inmersa en un momento maravilloso. Un necio vería a dos idiotas mirando una vidriera emplomada, yo he visto a un corazón roto intacto por un instante. - la chica sonrió y le lanzó una de las cuñas de madera que estaban tiradas junto a los restos del andamio - La verdadera magia está en saber ver la magia que te rodea. Y ahora quita esa cara de idiota y vete antes de que me arrepienta de contarte mis secretos. - Nadia bajó las escaleras para volver a su casa y Eliot siguió mirando orgulloso su trabajo. No era uno de aquellos seres mitológicos, pero él también sabía sanar personas.

19/05/2014 Alfredo Gil Pérez

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