domingo, 6 de abril de 2014

Shinigami

        Rodaba de un lado al otro sobre el futón y el sudor empañaba su frente. Abrió los ojos y aspiró aire desesperado tratando de tragar vida en aquel ambiente cargado. Se incorporó y miró al techo ausente, habría jurado que algo pendía encaramado allá arriba, oculto en la penumbra que creaba la luz de las farolas que atravesaba la ventana de su apartamento. 

        Retiró la manta y fue hacia el cristal para abrirlo. Al hacerlo, una brisa se coló en la pequeña habitación y agitó su pelo. Se dejó acariciar y sus ojos rasgados se entornaron aún más. Se sentó en el borde y dejó colgar sus pies descalzos por la fachada de aquel bloque de viviendas, encendió un tabaco, se lo llevó a los labios, inspiró humo y espiró recuerdos. 

        Se concentró en las pocas estrellas que atravesaban el cielo manchado por la polución y la contaminación lumínica. - Salta, todo sería más fácil y lo sabes... - una silueta se contorsionó a su espalda de una forma muy poco humana y perturbadora hasta colocarse junto a su oreja izquierda. Sonrió con dos hileras de dientes afilados como cuchillas y lamió su cuello con una lengua áspera - Lo sabemos... - le insistió - Cuando no sientes nada, no puedes expresar nada. - le contestó a aquel extraño intruso - Es como si ya estuvieras muerto, pero el terror que me infundes me recuerda que en realidad sigo vivo. - dio otra calada a su cigarrillo - Estás loco amigo. Debes estarlo para poder hablar conmigo y lo estás seguro si no sales corriendo con sólo imaginarme. - el chico giró hasta poner su cara frente a aquellos ojos amarillos inyectados en sangre y con ojeras - ¿Qué es locura y qué es cordura? ¿Es que no te parece una locura querer vivir en un mundo tan cuerdo, tan pragmático que destruye todos tus sueños y tratar de fingir que eres feliz con ello? - soltó humo en la cara del shinigami - No estoy loco, es sólo que soy más humano que la mayoría de las personas a las que has visitado... - Eres idiota... - el monstruo sonrió amenazante y se desvaneció satisfecho dejando al muchacho fumar tranquilo.


06/04/2014 Alfredo Gil Pérez

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