martes, 8 de abril de 2014

Se vende, se compra

        Allí estaba ella, tendida semidesnuda sobre la camilla, esperando para realizar la donación. No era nada raro, cada vez eran menos los seres humanos que tenían la capacidad de soñar y el trasplante de sueños era un negocio en alza en aquella sociedad de vigilias y noches vacías. El sueldo no estaba nada mal y aunque renunciaba a sus escapadas al mundo de Oniria tenía un techo, algo que echarse a la boca y un poco de dinero sobrante para sus caprichos.

        El cableado estaba conectado por todo su cuerpo, como si una especie de pulpo metálico la abrazara y en la camilla contigua una mujer oculta tras unas cortinas esperaba ansiosa por su dosis de irrealidad. Las sedaron y la chica notó cómo un sentimiento la arrastraba y la hundía en el mundo de lo insustancial. A penas pudo dedicarse un pensamiento de culpa cuando se vio devorando con avidez una hoja de menta con un sabor extraordinariamente intenso. Al terminarla su corazón se paró, o eso hubiera jurado ella, y una crisálida se creó a toda velocidad entorno a su cuerpo cubriéndola y protegiéndola de los aludes de luces de colores que barrían el aire en el exterior. 

        Sus etapas volaron con rapidez y pronto se descubrió sobrevolando un mar de flores en forma de mariposa. Sentía el calor del sol, la libertad del aire entre las alas y la inmensidad que le prometía el horizonte de aquel océano de selvas florecidas y praderas iridiscentes de cristales caleidoscópicos. Estiró sus antenas y creyó encontrar por fin lo que llevaba buscando toda su vida. Un sentimiento de plenitud inundó su tórax y alguien le devolvía la mirada desde aquel infinito que cada vez estaba más y más próximo, como el futuro que juega a tejerse como presente.

        Un lapsus y todo acabó, se despertó entre los fríos cables mientras escuchaba las risas de la camilla contigua donde la extraña disfrutaba de su intimidad vendida. Se sintió vacía y profanada, se incorporó y recogió su pago que reposaba junto a su ropa sobre la mesita de "noche". Salió de la sala aún percibiendo aquellas risitas de satisfacción y se preguntó hasta que punto estaba bien pagado abandonar Oniria y si realmente podía tener algún precio...

08/04/2014 Alfredo Gil Pérez

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