lunes, 10 de febrero de 2014

Gris, blando gris

        Cerró los ojos y la brisa invernal que atravesaba la ventana le hizo recordar otros tiempos, con olor a lavanda y el sol tostando su piel. Sus labios dibujaron una sonrisa mustia y la presencia de una vieja conocida que la había acompañado toda su vida se hizo manifiesta en su susurro de ultratumba. - Juana...

        - ¿Eres tu querida? No es mi hora, ya sabes que aún me quedan algunos años por arañarle a este lánguido y aburrido mundo. Los días se hacen eternos y tediosos, una obra que se repite una y otra vez. Un doloroso baile que revivo y en el que me regodeo noche tras noche. - mesó sus huesos la lampade al ver a la pasional Juana consumida por la violencia de su vida. Y alumbrando con su luz azulina vislumbró las espinas venenosas que le atravesaban el corazón.

        - Tu canto es muy hermoso, pero no dejas de ser un pájaro en una jaula de oro, una reina torturada por el peso de su trono y un marido que la lacera con su indiferencia. Extraño mucho a la pequeña Juana que habló conmigo sobre lo mortal y lo divino. Llena de inquietudes y feliz. 

        - Estoy loca, ¿o acaso no tienes oídos? Todo el mundo lo sabe. El primer beso de sus labios consumió mi dignidad y no lo vi hasta que ya habían pasado muchos otros. Ojalá hubiera podido escoger, de haberlo sabido mi vida sería muy diferente, no me habría dejado tratar como una mercancía con corona. - la ninfa acarició su pelo y besó su hombro, ahora desnudo mientras Juana se quitaba el corset. Sus pechos cedieron a la gravedad y el sonido de su respiración se volvió más suave y natural. Su cuerpo envejecido seguía siendo sede de una ruidosa furia y un fuego crepitante e inextinguible. 

        - He venido a volver a hacerte mi oferta. - la hija de Hécate la abrazó y le susurró al cuello. - Ya sabes que la senectud trae consigo ventajas. Puedo hacerte olvidar ese dolor, puedo hacer que cada mañana sea completamente nueva y que las cosas de siempre se transformen constantemente en terreno por explorar para tus cansados ojos. Volver a descubrir el mundo es el mejor regalo que puedo darle a un alma tan torturada como la tuya. - el cuerpo arrugado de la reina seguía pareciéndole hermoso y el paso de los años no había hecho más que madurar y volver más humana su belleza. 

        - Lo siento amor, no puedo aceptar que borres del todo mi memoria. Pero aunque es cierto que mi dolor es parte de lo que me conforma, la vida me pesa. Ámame a ratos y cura mis heridas, porque perdiéndome en tus brazos puede que alcance la felicidad sin abandonarme del todo. Si me gusta, tal vez me deje llevar hasta que el mundo no me reconozca, no me importa parecer loca, porque sin estarlo ya lo estoy, pero guárdame algo de cordura para morir con dignidad. - Se fundieron en un abrazo y la bruja del Tártaro le regaló el alzheimer con sus besos.


Alfredo Gil Pérez 10/02/2014

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