lunes, 30 de diciembre de 2013

Nix

        La diosa Nix estaba sentada sobre aquella roca plateada, bañada por la luz de la luna. El bosque se arrodillaba a los pies del promontorio y una gasa negra, translúcida, se zarandeaba desafiante con el viento cubriendo su cuerpo pálido como las estrellas. Sus senos se remarcaban bajo la tela, apuntando a la inmensidad del mundo, firmes, y su mirada se perdía en la oscuridad del cielo, blanda y melancólica como lo estan las perlas más hermosas en sus ostras, sin ojos que las admiren y ahogadas en su propio elemento. Así la noche se bebía su soledad.

        Un troll, que pasaba por allí haciendo crecer setas de todos los colores y tamaños por el bosque, alzó la mirada y la vió. Una sombra con cuerpo de mujer, una poderosa expresión de la quietud más absoluta y el latido furioso que se refugia agazapado bajo la protección de la oscuridad.
Apartó a un hada que jugueteaba con la lavanda y salvó la distancia entre el bosque y la montaña para hablar con aquel ser negro y misterioso. - Querida, no he podido evitar ver la tranquilidad en tu mirada. Tan inmensa que casi parece que estuvieras triste contemplando la naturaleza de tus poderes.

        Nix apartó su pelo plateado y observó con sus ojos de un gris sobrenatural el alma de aquella tosca criatura que había querido dialogar con las tinieblas. Sonrió... - Verá usted señor troll, cada noche, me siento en esta misma roca y miro al horizonte. Hasta donde llego a ver sé que no hay más luz que la que yo abrigo, pero al poco de irme, la aurora se toma la revancha y llorando su rocío retira mis telas y las rasga con sus dagas de luz anaranjada. 
Cada noche, me planteo qué hay de bueno en mi oscuridad y qué hay de malo en su luz. Yo he parido al sueño y a la muerte por igual, los dos dan descanso a su manera y con mi manto los ayudo como buenamente puedo. Pero las flores se cierran a mi paso, las buenas gentes duermen en mi presencia y los miedos afloran cuando baño la tierra... Tal vez poco hay en mi de valioso y hermoso, poco de virtuoso y nada de iluminador o esperanzador. Soy la antítesis de la bondad en los cuentos y el icono que se asocia a lo inmoral. - sorprendida, la diosa descubrió que el rechoncho montón de piedras con patas no la estaba escuchando. Miraba ensimismado a las estrellas moviendo las piernecillas que le colgaban. Saltó de la roca y alejándose tras darle la espalda a la bella nocturna dijo. - Todos tenemos un lado bueno, deja de llorar y aprende a mirar el tuyo. - ofendida por el vulgar gesto le costó un rato descubrir que donde hasta hace un momento resposaban las nalgas de aquel uraño del bosque había crecido un galán de noche que abría sus pétalos tratando de beber su luz y unas luciérnagas revoloteaban iluminando su pelo.


Alfredo Gil Pérez 30/12/2013

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