lunes, 18 de noviembre de 2013

Susurros al viento

     - Él era un cero a la izquierda, o eso le recordaban los desalmados niños en el recreo, en las clases, en la parada, con sus suspiros y sus miradas de soslayo. Un cero que nada vale y que de poco sirve, que mejor no respirara, que peor si viviese más tiempo.
Se sentía nulo, se sentía inútil, se sentía nada, vacío, torpe e incorruptible. Un amago de tropiezo de la naturaleza y aun así allí estaba, dibujado en aquel papel, redondito y con presencia.


     No había bandera por la que jurara ni nación que lo quisiera, tal vez por el miedo a reconocer la existencia del vacío y algo tan desgarrador como la nulidad de lo que es real, pero resulta que sin eso, que sin entender la sutileza de lo que se omite, de lo que se lee entre líneas y de la brisa informe que no te toca pero pudo haberlo hecho, no valoramos las mayores delicias de la existencia. Y tú pequeño silfo, eres aire, podrán decirte que no eres nada… pero la nada, es la materia más maravillosa de cuantas he visto con mis oídos. – le dijo el hada al viento mientras se dejaba acariciar la melena llena de hojas y desprendía brillos dorados con su sonrisa.

Alfredo Gil Pérez 18/11/2013

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