jueves, 14 de noviembre de 2013

Amor a tiempo parcial

     Él lo tenía todo: mascota, una casa, una vida, una novia maravillosa, amigos, hobbies... incluso las cosas más rocambolescas como una amante consentida y compartida por su pareja, una suerte de amiga y eslabón perdido en el cariño que simulaba un triángulo maravilloso en el aire.
Pero a pesar de tenerlo todo, a pesar de vivir en un sueño idílico y marginal a la moral común, ya sea por el recuerdo de las heridas del pasado o por la sensación de que la vida se te escapa entre los dedos que viene con la edad, había firmado un contrato de amor a tiempo parcial.

     Amaba y se dejaba amar por esas dos bocas, cuatro manos y esos dos corazones que palpitaban jugando a querer. Pero en su tiempo libre se dedicaba a estudiar otras materias en otros besos, con otros brazos, fingiendo que la vida era una y otra cada día, emocionándose al descubrir la furia y la pasión desconocidas, sintiéndose vivo y soñando buscar lo que ya tenía a su lado.

     - Tendrás que confiar en mí, porque si quiero te voy a mentir sin que te des cuenta, así que sólo te queda eso, confiar en mí. - le dijo una vez a su amante, que luchaba por acallar las evidencias que la golpeaban cada vez que él fallaba escondiendo su rastro en los estudios prohibidos.

     Y así lo hizo, bruta y pánfila chiquilla que abandonó la intuición a su suerte y no la recogió del suelo hasta que la obviedad intentó asesinarla un buen día de lluvia, con un café en una mano, el móvil en la otra y un mensaje en la pantalla que la agarró del pijama y la arrastró forcejeando a una realidad grotesca, mentirosa, de sueños truncados, de apariencias bastardas y un sin fin de antecedentes que apagaron su fe en la inocencia o el altruismo. Salpicaron de egoismo mustio y amargo sus sábanas y ahogaron las ansias de querer y ser querida.

     Fue un buen día de lluvia cuando cambió su contrato y decidió ir a un paro voluntario hasta encontrar otro a tiempo completo, porque las gotas de lluvia le susurraron que con el corazón no se juega so pena de volverse de piedra.

Alfredo Gil Pérez 14/11/2013

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