miércoles, 30 de octubre de 2013

Kalla

     La vasija de mármol, circundada por una amalgama de filigranas y arcaísmos mal escritos, contenía una luz líquida que hacía brillar la estancia con un verde esmeralda sobrenatural.
El moho adornaba las paredes de piedra, frías y ásperas, mientras el correteo de las ratas llenaba de sonido aquel solitario y lúgubre escenario.

     Kalla remangó su pesada túnica, puso tras su oreja derecha un mechón rebelde de pelo gris y ralo; y zambulló su nudosa mano derecha en aquel plasma místico. Usándola a modo de cazo llevó el preciado brebaje a sus labios y lo dejó fluir por su lengua, por su garganta y bajar hasta sus entrañas.
Su sabor era amargo y olía a hierro. Degustó el miedo, las lágrimas y la angustia, pero sus caderas se estilizaron y sus pechos volvieron a estar firmes y elevados; su pelo recobró el tono rojizo que lo caracterizaba y las arrugas se estiraron en una piel tersa y suave mientras acallaba las voces que se habían colado en su mente, susurros de pobres inocentes a quienes había desangrado sus días para beber la juventud.

     Al mirarse las manos el rubí sobrante corría a la vasija como lo hace la lluvia hacia el mar. Se dio media vuelta y se alejó sonriente, con fuerzas renovadas para otros cien años, pero un aura pálida, repulsiva y monstruosa que la manejaba como a un títere. El miedo a la muerte puede ser un parásito poderoso.


Alfredo Gil Pérez 30/10/2013

3 comentarios:

  1. Kallaaaaaa!!!! zorra!!!! ¬¬ por tu culpa tengo voces en la cabeza ahora!!! ¬¬

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  2. Me encanta :3 you're awesome, alfred! marry me!! quiero tener un hijo tuyo! xDDDD

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