martes, 15 de octubre de 2013

El chico burbuja

     Y allí estaba él, en una mañana despejada con el viento zarandeando las cortinas moradas e imaginando cómo se sentiría el sol en su rostro jugando bajo los árboles. El olor de su habitación era neutro y todo tenía un aura antiséptica, mustia y poco interesante. La prisión de cuatro paredes era su refugio y su seguro de vida, todo lo que ocupaba el exterior era susceptible de matarlo o dañarlo con un roce desafortunado, pero de alguna manera simbolizaban lo poco que le llevaba a continuar respirando. 

     Su extraña enfermedad lo hacía inmortal, no envejecería nunca, siempre y cuando no se expusiera al mundo fuera de su burbuja y sus inclemencias. 
Fue todo un acontecimiento su descubrimiento siglos atrás, pero las distracciones que lo acompañaban y su paso virtual por el mundo de más allá lo asfixiaban, se burlaban de su inteligencia haciendo patente que a pesar de su extraña longevidad nunca había sentido, nunca había padecido y tal vez podría considerarse la posibilidad de que tampoco hubiera existido.

     Miró por su ventana y la vió, la chica a la que llevaba observando los últimos años. Paseaba a su perro, un precioso gran terrier llamado Hope, y leyendo un libro, como los que ocupaban sus estanterías debidamente desinfectadas, avanzaba resuelta y elegante.

     En un ataque de frustración mezclado con ira se avalanzó hacia la doble puerta que utilizaban para suministrarle todo lo necesario. Hizo el camino a la inversa nublado por las ansias de experimentar y tras el tiempo de limpieza la segunda barrera se abrió.
Una amalgama de olores le golpeó la nariz y echó a correr sin pararse a reconocerlos. El aire se le hacía pesado y respiraba con dificultad, pero no se amedrentó y abrió la puerta de entrada a lo que se suponía que era su casa. 

     Salió al exterior y los rayos del sol bañaron su cuerpo mientras se sucedían las zancadas a toda velocidad haciéndole volar por el asfalto. - <<Así que eso era correr, así que eso era lo que se sentía cuando el sol te acaricia con sus rayos y el aire real tiene olores intensos y vivos que bañan tu olfato >>. -los colores sin el cristal de la burbuja tenían otro matiz, pero él seguía corriendo hacia la chica mientras notaba cómo sus pasos se volvían pesados y torpes. - ¡Yolanda! - le gritó, ella se volvió con una sonrisa y se sorprendió al ver al muchacho de la ventana que todos los días a las dos observaba de reojo por aquél desvió que tomaba con su perro. Igual de guapo, igual de radiante. 
Hope hizo cabriolas y el chico burbuja la acarició sin aliento al llegar a su altura, la besó y como una moira notó cómo se le escapaba la vida en aquél beso. El chico cayó de bruces con una sonrisa en los labios y una mirada soñadora. Hope le lamía la cara de un tono pálido y el libro que leía, <<Memorias de inmortalidad>>, resbaló de sus dedos mientras se acercaba a socorrerlo.

     <<Curiosa idea de inmortalidad cuando la importancia de su vida se ha concentrado en los últimos cinco minutos>>. - pensó un árbol y el corazón del muchacho dejó de latir para siempre con un último golpe emocionado.

Alfredo Gil Pérez 15/10/2013

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