lunes, 30 de septiembre de 2013

Nunca me sueltes

     El sol empezaba a agonizar entre naranjas, bañando aquella playa de arena dorada con una despedida cálida y solemne. Las maderas del muelle parecían quejarse por el peso de aquellos dos polizones; y el sonido de las olas suicidándose contra los pilares de pino acompañaba a aquel silencio con olor a sal y a mar.

     Dos manos se trenzaban mientras cuatro pies jugaban a bambolearse distraidos, pendientes del borde donde acababa la pasarela, un escenario improvisado para una de amor, el último nexo de la tierra con el mar, la última amarra que les quedaba entre el presente y el azul infinito que se extendía ahogándolo todo. - ¿Qué será de nosotros? - preguntó una voz dulce, casi imperceptible, coreada por el agua furibunda. Las manos se apretaron con más fuerza y una de las cabezas se apoyó en uno de los hombros. 

     La calidez del atardecer era como un abrazo de despedida consabida que daría paso a la fría noche, pero los amantes la recibieron como una caricia entre cientos y sonrieron al horizonte. - No me  dejes ir, no me lo permitas. - suplicó la otra voz, entre unos labios que temblaban en su lucha contra las lágrimas. Besó su frente, la segunda cabeza se apoyó sobre la primera y vieron poco a poco al sol extinguirse, luchando por durar un poco más, por permitirles estirar el momento hasta donde fuera posible. 

     Se les rompió el cielo en mil pedazos y las estrellas lo ocultaron con su manto, el aire gélido les lamió aquella calidez anestesiante y se levantaron dispuestos a abandonar la  improvisada tarima de mudos, ciegos y sordos tablones. 
Caminaban muy juntos, con miedo a que la brisa pudiera separarlos definitivamente. 

     Una de las bocas se acercó a una de las cuatro orejas y le susurró. - No tengas miedo, tú eres tuyo y mio; y yo soy mio y tuyo... No importa adonde nos lleve la vida, mi corazón seguirá parándose cada vez que te piense y confío en que pronto habrá un lugar para nosotros, un lugar donde podamos estar juntos.
Llegaron al final de aquel muelle y la playa les perdió la pista tras un rastro de huellas barridas por el viento, que no se separaron en ningún momento.


30/09/2013 Alfredo Gil Pérez

2 comentarios:

  1. Tienes el don de la palabra, el poder de crear imágenes tan profundas y definidas en la mente del que lee. Este es uno de los posts que más me ha gustado :)

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