viernes, 6 de septiembre de 2013

Besos lejanos

     Se acostó en la cama donde un día fueron dos, olió las sábanas y la imagen de su sonrisa le acarició el alma. Aferró la almohada que no era la suya e imaginó el calor de su cuerpo y sus brazos rodeándole, la luz tenue iluminando sus ojos cerrados y el sonido de su respiración acompasada, una canción de cuna que abriga las sombras de la luna. 
Miró al techo, se dejó arrastrar por el cansancio y se prometió que pocas serían las noches sin su compañía. Volvió a revisar una última vez el hueco vacío para asegurarse de que no era ninguna broma pesada y de que realmente esa noche las estrellas serían las únicas que lo arroparían. - Cómo cuesta respirar el aire en que no estás, se vicia de aburrimiento y deseo apagado. -se dijo, y suplicó que aquella espera volara y los días fueran cortos para volver junto a su almohada a añorarle y descontar números en el almanaque, besos telefónicos y susurros de un amor que espera agazapado a su regreso con previa cita.

06/09/2013 Alfredo Gil Pérez

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