sábado, 31 de agosto de 2013

Un grito de salvación


     El silbido de las bombas cortando el aire se propagaba como un funesto heraldo de crueldad. Su piel se agitaba con las convulsiones que le podrucía el miedo, sus pupilas se dilataron tratando de ver más allá, sus puños se cerraron listos para luchar por su vida, desencajó la mandíbula instintivamente, engulló un huracán y tensando hasta el alma profirió un alarido estentóreo que zarandeó el mundo.
Un grito de banshee que presagia la muerte, un llanto de ángel impotente, el miedo de un niño que se cree muerto y se abraza a su voz para pensar que sigue vivo.

     Las bombas pasaron, muchos murieron, otros vivieron para contar la peor parte, se echó a dormir el niño y se creyó por fin a salvo de los jinetes de los apocalipsis; pero donde hay hombres hay poder y donde hay poder hay pudredumbre. 
La guerra sería en otras tierras, en otra lengua, con otras muertes, llantos, besos y despedidas ahogadas por el ruido de la munición calcinada e impersonal.
Pero también en Siria habrá algún niño que grite, que se crea muerto y viva, que se quiera morir por lo que ha visto y que con suerte podrá volver a la cama a soñar con un mundo de balas de caramelo y bombas con canciones de cuna.


31/08/2013 Alfredo Gil Pérez

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