martes, 20 de agosto de 2013

Relojes rotos


    El suelo de aquella habitación sin paredes estaba cubierto de manecillas, engranajes, número desordenados y un sonido que reverberaba en el aire -Tic, Tac, Toc. Tic, Tac, Toc -hablaban las horas que iban a morir a aquella dirección. Las unas, las dos, las tres, sin orden ni concierto, dilatadas, fugaces, tímidas, dormidas, quietas todas ellas. 
No había estrellas ni luna, sólo estrelladas y lunáticos. No había luz ni oscuridad, sólo una visión apocalíptica del recuerdo y el no querer descansar. Apiladas una sobre otra las horas eran mimadas, para no ser olvidadas... ¿pero, cómo recordar algo entre tanto que recordar?

    -Tic, Tac, Toc. Tic, Tac, Toc -pasa el tiempo en la habitación sin techo ni suelo.; sin futuro, tal vez sin pasado, en un marco atemporal y un espacio imaginario. Muelles, resortes, relojes de bolsillo sin bolsillo y de pared sin pared; digitales sin pilas, de sol sin sol, de arena sin desierto, de agua secos, de mi sin yo. 
Y esta habitación sin habitación, limpia y desordenada se pierde en el imaginario y naufraga en un lago más profundo de lo que yo sé y tan excitante como misterioso, místico o mistérico. Miro la hora y me levanto, cierro la puerta que no existe y dejo atrás aquel secreto rincón con una muda despedida -Tic, Tac, Toc. Tic, Tac, Toc.


20/08/2013 Alfredo Gil Pérez

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