viernes, 16 de agosto de 2013

Ensaladilla rusa

     Ilya observaba la nieve caer desde la ventana de su habitación, a penas un amasijo de cristal y maderas separaban la calidez de su hogar del frío de la calle, algo que se ajustaba perfectamenta a la situación que lo envolvía en un aire de nostalgia y lo sacudía con escalofríos entre suspiro mal disimulado y suspiro mal disimulado.
Aquel muchacho se esforzaba por mantaner fría su apariencia mientras avivava las pequeñas ascuas que pujaban por calentarle el alma.

     La madre Rusia era cruel y el pueblo parecía decidido a pisotear todo aquello que no comprendía, todo lo diferente. Tal vez el hielo les hubiera congelado la empatía, o la necesidad de una fortaleza estoica les hubiese llevado a perder la capacidad de ser sinceros consigo mismos y  a no ser capaces de aceptar los sentimientos más vergonzosos y crudos: la fragilidad del amor, la pasión, la felicidad ajena... Pero eso a Ilya no le importaba. No les juzgaba por su actitud, era sólo que le daban pena y se sentía débil y vapuleado entre tanto ataque.

     Tomó otro sorbo del té que le había preparado su bábushka en el samovar, imaginó la cara de Pietrov en el cristal y sonrió con una lágrima rodando por su mejilla.
Casi podía sentir el sabor de sus labios cuando los ojos de su abuela, situados donde estuvieran los de él, lo devolvieron a la Tierra y su mano cálida le acarició el hombro. -Niño mío, ellos no saben lo que hacen. Ven debilidad y corrupción en aquello que requiere más valor y se ancla en lo más puro, la libertad de amar. Algún día lo recordarán y probablemente vuelvan a olvidarlo, porque quienes te odian por ser libre lo hacen odiándose a sí mismos por no permitirse serlo. Si te pisan y te vejan, se pisan y se vejan. Ojalá aprendan a amarse y te dejen vivir en paz. 

     Ilya abrazó la sabiduría de una anciana confidente y agradeció contar con un hombro amigo entre tanta nieve, pero aquello no hizo que su corazón sintiera menos dolor por el rechazo.


16/08/2013 Alfredo Gil Pérez

2 comentarios:

  1. Ayer justo vi la película "los juicios de nuremberg" (¿vencedores o vencidos?),y me encantó una frase.
    Uno de los personajes está buscando definir la maldad, y dice en la película: "Creo que ya he encontrado una definición: el mal es la falta de empatía." Por eso me gustó mucho que lo nombraras. Como se repite la historia... como con discursos y metiendo miedo a la gente se les puede manipular hasta que hagan las cosas más horribles... que absurdo que las personas tengan que luchar entre ellas para que les dejen ser felices. Muy bueno alfredo!! eres un maquina!!

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    1. Muchas gracias Maite :). Definitivamente opino igual que el personaje de la película, una persona empática difícilmente hará daño a los demás.

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