martes, 27 de agosto de 2013

El arquitecto


    Tenía el plano delante cuando una pequeña descarga eléctrica le erizó el vello, presagio de lo que estaba a punto de suceder. El fuego, que siempre había sido su elemento, iluminó sus pupilas y como un incendio la idea prendió el papel con furia para crear el boceto.
Así era él, pasional, pero cariñoso en el detalle y mimoso en la intimidad. Un dormilón empedernido que se levanta con el pie izquierdo.

     Su fachada podría parecer algo más seria, como le ocurre a la mayor parte de los buenos edificios; pero tras las líneas limpias de un carácter constructor que proyecta futuros inciertos y sueños que alcanzar, no hay otra cosa que lo que corresponde a un edificio que se precie; un hogar, con la calidez y el amor que te hacen olvidar el frío del exterior, un manojo de ilusiones y una sonrisa fresca que ilumina cada estancia y ventila los sentimientos para evitar que el caótico mundo colapse en la parcela propuesta para vivir. 

     Una persona que entiende que los planos no son sólo vistas y cotas sino ideales en gestación no puede perderse, y sin embargo lo hace alguna vez porque también es humano, porque construirse a uno mismo es difícil incluso para los profesionales...
Por suerte, entre broma y broma, entre los pilares de su vida y los cimientos de amor hormigonado in-situ, se erige a dos alturas para disfrutar de las vistas que tiene la felicidad; simpre de la mano de una sonrisa pícara y paredes desnudas a nuevos horizontes.


27/08/2013 Alfredo Gil Pérez

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