sábado, 1 de junio de 2013

Una duda incómoda

     La pequeña Marta levantó algo dudosa la mano y la sostuvo en alto luchando contra el impulso de bajarla por vergüenza. 
El profesor pasaba la mirada haciendo barridos por las caras de sus alumnos mientras explicaba la lección, pero parecía no ver los esfuerzos de la niña por llamarle. Estaba apático, algo distraído y con ganas de acabar para volver a su casa. Pero como en una competición de manos arriba Marta mantenía la mano alzada con la lengua fuera por el cansancio.

     Quiso la casualidad que el maestro la viera. -¿Sí, Marta? -Profe, tengo una duda. -Dime -¿Por qué la gente adulta no es feliz? -un alud de recuerdos llenó la mente de Pablo, que así se llamaba el profesor. Se vio a sí mismo de pequeño << -¿Qué quieres ser de mayor Pablo? -Yo quiero ser feliz. -Pero Pablo, ser feliz no es una carrera... yo me refiero  a...>> -Porque la mayoría somos tontos Marta, por eso. -Ahm... -y con fuerzas renovadas el profesor retomó la clase mientras Marta seguía tratando de entender aquella contestación -<<Estos niños...>>


29/05/2013 Alfredo Gil Pérez

4 comentarios:

  1. Pobre marta.... a ver si se entera ya...

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  2. Me ha gustado mucho como se contrapone la inocencia (e ingenuidad) de la juventud y el cinismo o cansancio del profesor adulto. Muy buen trabajo.

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