viernes, 14 de junio de 2013

La dicha del ojo

Ruge la lágrima en un ojo
de algún corazón que cojo,
ciego, embrutecido, amargo
mira al cielo y grita mudo
clamando razón a la sinrazón,
buscando trazado un rumbo, 
que con final feliz marcado
premie el sendero de esta guerra.

Fusileros de sí mismos,
verdugos de la libertad
por no creer que el que lucha
muerde, araña y luego escucha
pueda cruzar algún campo
que haya trazado su sueño
y antes fuera tierra inhóspita.

Erran los pasos de todos
y también todos aciertan
cuando noctámbulos llegan
a unos labios, brazos, ojos,
abiertos, cerrados, con luz ausente
donde el calor les abriga
dulce posada querida
donde dormir y pernotar.

Odiar el camino es humano,
pasarlo, necesario;
pero están la dicha y el gozo
en aquél bruto, manco y cojo
que con la fuerza y el tiempo
aprenda a amar caminar.

14/06/2013 Alfredo Gil Pérez

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