martes, 11 de junio de 2013

La (auto)-compasión


     Lloraba a pierna suelta mientras dormía, y lo sabía. Cada mañana se despertaba con un poco más de ánimo y un poco menos de desidia. Avanzaba entre las sombras de su vida bebiendo y respirando en los claros de luz y energía. 
Realizó todo el camino, llegó hasta la misma cima. Y una vez en el final, donde se ven las nubes desde arriba, le preguntó otro viandante -Siendo tu vida tan triste, ¿cómo te queda alegría? -y le respondió -Porque autocompadecerse te drena el alma y la risa. Yo he querido disfrutar la dicha. -Pues mira que por mucho menos yo ya he perdido la mía.

02/06/2013 Alfredo Gil Pérez

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